Morriña

25 06 2010

Hay ciertos días en los que una se levanta con una energía especial, con ganas de comerse el mundo. Otros, sin embargo, cuesta un poco más tomar la decisión de empezar la jornada con buen pie y una sonrisa. Si todos los días fuesen perfectos, cargados de una dosis extra de alegría y adrenalina, al final acabarían siendo calcados, uno detrás de otro, dejarían de ser especiales y pasarían al bando de la tediosa rutina.

Así que a veces (no muy a menudo), viene bien tener a la morriña como acompañante invisible… invisible, pero presente. Entre ver los partidos de la Selección tan lejos de España, probar una tortilla de patatas en toda regla mientras el Guaje marca un gol, ver mascletás desde la terraza de mi amiga en la distancia, celebrar la noche de San Juan en buena compañía con un aperitivo al más puro estilo español o saber que mi hermana pasea por la “millor terreta del món” con mi traje de alicantina, hace que se me escape una sonrisa aderezada con un toque de añoranza. DF comienza a aficionarse a llover por las tardes y eso también hace que la morriña esté espiándome desde los rincones más oscuros… Sé que está ahí, pero cuando me doy la vuelta, ¡no llego a verla!

Tenía que llegar el momento y en cierto modo me alegro. Cuando se está lejos de casa y se ven las cosas desde la distancia, valoramos más aquello que queremos y que no tenemos cerca. Y cada vez que esto me sucede, siempre acabo preguntándome: “¿no será que pueda darme cuenta de estas cosas cuando estoy cerquita?”…  Ni modo pues…

“Que sepas que no es fácil respirar el aire en que no estás”… Como dice Pedro Guerra, que ha estado consolándome estos días de Hogueras en los que no he podido oler a pólvora en el aire (http://www.youtube.com/watch?v=L9oOFKAVU-g&NR=1)

El pase de diapositivas requiere JavaScript.





Mastercard

14 06 2010

Cuando vives en una ciudad donde prima el estrés tienes 2 caminos: te acoplas a él y os hacéis amigos inseparables, o intentas crear una pequeña burbuja en la transcurren tus días, a un ritmo diferente, más tranquilo, más sosegado.

Yo preferí marcar la segunda opción al presentar mis papeles en la aduana, me sellaron la propuesta y, por ahora, creo que hice bien. Más que por grandes e importantes sucesos, disfruto de mis días mexicanos gracias a los pequeños detalles que intento no dejar pasar sin percibir. Cuando tienes la suerte de que te guste tu trabajo, levantarte antes de las 7 de la mañana no supone un esfuerzo. Ese es el primer buen momento del día, los cinco minutitos de rigor de hacerme la remolona en mi cama para reyes. El paseo a la oficina es otro instante muy  particular (que merece un post aparte para más adelante) Qué gusto los días que paso por la pequeña cafetería de barrio, la que está frente a Starbucks y que le hace una sutil y feroz competencia, me compro mi cappuccino para llevar y entablo la primera conversación de la jornada con el señor de barba blanca que siempre me pregunta  “¿con o sin canela señorita?” Aunque él ya sabe de sobra la respuesta, me pica la curiosidad de por qué me lo vuelve a preguntar… ¿será que no escojo la mejor opción que me propone?…

Revisar el correo electrónico matutino mientras me tomo el café, estirar el cuello de estar pegada a la pantalla durante horas y “voltear” mi silla para ver el DF desde las alturas, salir de la oficina y quedarme parada en la escalera pensando qué ruta alternativa tomar para descubrir algo nuevo, ir al centro a por bolas para hacer collares en pesero, pillar el metro y observar la variedad de compañeros de viaje de mi vagón, ir a hacer la compra con los cascos puestos e ir llenando el carrito de la semana, escuchar que los truenos me avisan de que la tormenta de cada tarde está a punto de llegar, ver desde mi ventana cómo caen un sinfín de gotas en las hojas del naranjo de la terraza, decidir a última hora que vamos al cine, o que esta noche mejor me quedo en casa con una buena peliculita y mi taza de … Y sigue lloviendo…

Todo esto no tiene precio. Para todo lo demás, Mastercard.





Vochito: El Auto del Pueblo

6 06 2010

Vochos a diestro y siniestro, esquivando peseros, furgonetas, carros, peatones y lo que se les ponga por delante a velocidades casi supersónicas… En tres palabras:  “rompiéndoles la madre” a Porsches y Ferraris (sin ánimo de ofender) Esta es la imagen que por las mañanas siempre tengo desde la acera cuando intento cruzar la Avenida de la Reforma para ir a la oficina.

Ya lo pude comprobar hace unos años cuando buscábamos piso en los taxis enanos de color verde, con taburete para el copiloto incluido: el vochito es absolutamente parte esencial de la realidad chilanga. Muchos dicen que aquel habitante del DF que no ha tenido un Volkswagen Beetle, no puede considerarse un defeño 100% auténtico.

Todo comenzó cuando en los años 50 los alemanes decidieron traer escarabajos para mostrar en una exposición. La mayor parte de los carros en México eran (y siguen siendo) de estilo gringo, grandes furgonetas familiares y de gran cilindrada. Elefantes versus hormigas. Sesenta años después, la vochomanía es una realidad; cuando pisas la ciudad por primera vez, enseguida te percatas.

Pero llegó el momento que pensaban nunca llegaría y, finalmente, una gran nostalgia inundó el país entero. Modelos más competitivos hicieron que se redujera la producción y el último “auto del pueblo” (el número 21.529.464) salió del horno en el año 2003. Cuando otro taxista parlanchín me contaba la historia mientras manejaba su nuevo Chevy, gringo y más moderno, la nostalgia inundó literalmente el carro (del que tuvimos que salir corriendo) y también a mí. Sin embargo, tras una noche de tristeza y melancolía, me tranquilicé al día siguiente en el que, desde mi acera privilegiada,  vi una historia de amor verdadera: el asfalto de esta ciudad se resiste a perder un solo vochito. Un atasco sin vocho, no es un atasco. El ruido sin el rugir de sus motores o sus cláxones, no es ruido. DF sin vochos, no es DF.

La neta güey, ¡qué viva la inmortalidad vochera!

El pase de diapositivas requiere JavaScript.





Son 60

23 05 2010

Yo en mi país me alimento muy bien señorita, eso que dicen de hacer dieta, eso… ¡eso es un pecado! ¿Usted ve la panza que tengo acá? Si me pongo a dieta, ¡perdería una fortuna!, mi pancita es una inversión de años y años y años.

Me alimento bien como le digo, me preocupo de tomar todo tipo de vitaminas, pero la más importante es la vitamina T, ¿sabe cuál es? La vitamina del taco, torta, tamal, tortilla, y el tequila, ¡ese el primerito!

Y… ¿ya probó los tacos de suadero? (dejo que vuele vuestra imaginación)… “Pus” si ya los probó, tiene que ir a la calle Vertiz y probar los mejores tacos de cochinada que hay en el DF (que siga volando la imaginación)

Pide 3 y le dan 5, pide 5 y le sacan 8, como al “güero” que los cocina se le antoje. Esos tacos no reavivan a un muerto, reavivan a mil muertos, ¡¡pero de los que ya llevan 3 días en el caja, señorita!! Esos tacos sí que son un atentado contra la salud, ¡¡contra la salud mundial!!

Ay… pero no me vaya a decir que lo mejor no son las salsas…. Un taco sin salsa, ¡no es un taco! La salsa es la mitad del taco, si no el taco está seco, ahí, paradito no más. De todos los colores, de todos los sabores, échele la salsita ahí no más (de nuevo), ¡y ya verá qué rico está!

Y  para acabar, le recomiendo también que vaya a la Casa de las Sirenas si quiere probar comida del mar, eso sí que es un regalo de los dioses.

– Ya llegamos señorita.

– ¿Cuánto es?

– ¿Cuánto le cobran normalmente?

– 50 pesos.

– Entonces son 60 señorita.

– Que tenga una buena noche y gracias por la conversación, ya se me antojó cenar.

– Igualmente señorita, yo ahorita mismo estaciono el taxi  y me voy a por unos taquitos.





Casita del Pelícano

12 05 2010

Tras un tranquilo día playero, salí de la casa rosa y naranja recién duchada, de nuevo hacia la playa. Con apenas dar dos pasos, ya me planté en la arena. Busqué un buen sitio para sentarme y devorar el libro que había empezado a leer por la mañana. El son de las olas no se daba tregua, más sosegado, pero sin pausa. Color en el cielo… cada vez más oscuro, más morado, menos rojo. Enterré mis pies en la arena, todavía seguía caliente.

En cuestión de minutos me quedé a oscuras, ya no distinguía las letras, todo acompañaba:  la noche se apoderó de Troncones y un manto de estrellas cada vez más denso se unió al horizonte; por eso estaba feliz, así que con una media sonrisa, entrecerré los ojos sentada frente a la orilla. Pasó un rato, no demasiado, no poco. Cuando los abrí de nuevo, me sobresalté. Lo había leído no hacía mucho, pero no esperaba tener la suerte de verlo nunca jamás. Con Luces de Neón en el océano… un azul eléctrico iba perfilando el recorrido de la olas hasta que morían.

Las “noctilucas” son algas microscópicas que en contacto con el oxígeno, provocan un destello de luz, actuando como un mecanismo de defensa frente a posibles depredadores. Donde más había era en la punta de la bahía, donde los pelícanos se posaban en las rocas a ver el atardecer. Un proceso químico, la magia de la “bioluminiscencia”. El espectáculo de luz y sonido más increíble que vivido, 100% natural.

Cerré los ojos de nuevo, y hundí los pies un poco más en la arena, cada vez hacía más fresco. Llegaste sin hacer ruido, te sentaste detrás de mí, cerca. Apoyé la cabeza en tu hombro y dije, “Te estaba esperando”. “Ya estoy aquí”- me contestaste.

Durante toda la noche estuve volando por aquí, por allí y más allá también.  Juntos los tres: tú, mi imaginación y yo. Con las olas mágicas azules de fondo, que se colaban por la mosquitera sin ninguna dificultad.

Bajé los escalones de madera. Salí de la casita rosa y naranja recién despierta. Con apenas dar dos pasos, ya me planté en la arena. Aún era muy pronto, así que la gran hamaca me invitó a dar un paseo (Aquí va un secreto… Cuando la balanceas y miras hacia arriba, ves la perfección con la que están alineadas las palmas y cómo se ordenan cada una de sus hojas. Los cocos se van poniendo de acuerdo entre ellos para tener cada uno su espacio vital. Más allá de las hojas, entre sus espacios, se deja entrever un cielo azul, azul claro… extraño aquí, ya que todos los colores son vívidos)

El sol apenas empezaba a saludar e iba tiñendo de dorado todo lo que tocaba. La hamaca seguía su ritmo. Los pelícanos ya se habían despertado también y con sus vuelos de reconocimiento, detectaban su presa, caída en picado y desayuno al buche.

Cesa el vaivén, saco el pie de la hamaca, me impulso. Sigo bailando al son lento de La Marea. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas.

Pero esta vez no apareciste.

Posada de los Raqueros, Casita del Pelícano: http://www.raqueros.com/es/

Luces de Neón: http://www.youtube.com/watch?v=I0Bc4suux70&translated=1

La Marea: http://www.youtube.com/watch?v=XBLfeobB-kk





Pie de la Cuesta: donde el sol se va a dormir

7 05 2010

“Se esperan máximas de hasta 34ºC este fin de semana en la Ciudad de México” , “Golpeará ola de calor la capital”, “DF inundado por el calor”… primera plana en todos los diarios mexicanos…

No íbamos a ser nosotras las que le diésemos la bienvenida al calor, así que el viernes partimos rumbo a Pie de la Cuesta, en el estado de Guerrero. Sabíamos que la noticia iba en serio, ya que el olor de asfalto caliente de nuevo nos acompañó hasta la Estación Central Camionera del Norte (de buses, vamos)  Dos horas de reloj para salir de una de las metrópolis más grandes del mundo…¡¡todo con calma amigos, que ya es fin de semana!!

A las 4 horas, stop técnico en Chilpancingo. Sí, donde antaño parábamos para comprar la botellita de agua de rigor, pero mejor si no bajábamos del coche para ir al baño y aguantábamos el tirón… ¡¡ayy qué familia!! Ahora la cosa es otra historia.

Pie de la Cuesta…

Llegada 01:20 de la madrugada, 7 horas de viaje.

Habitación: Rufino Tamayo.

Playa kilométrica: Sí.

Tranquilidad: Pues… también.

Atardeceres: de esos increíbles, y más aún con piña colada.

Lee el resto de esta entrada »





Vive Latino 2010: 11º Festival Iberoamericano de Cultura Musical

26 04 2010

Domingo, calor asfixiante y sol matador. De camino al Foro Sol, apenas entraba la brisa por las ventanas del taxi abiertas de par en par, el olor del asfalto caliente no acompañaba. Llegamos. Un pasillo interminable de revendedores de entradas, guardias de seguridad y tianguis (en España, las típicas “paraetas”) Había de todo: tazas, camisetas, gorras, posters, “cuidadores de mochilas por 90 pesos”… para fiarse…

El Vive Latino 2010 llegaba a su tercer y último día, nosotras llegábamos para disfrutar de unas horitas de música. 4 escenarios (azul, rojo, verde e intolerante), 90 grupos y 100.000 asistentes. En 8 horas nos dio tiempo a pasar calor, refrescarnos, saltar, bailar, reírnos y hasta comernos unos tacos.

Comenzó siendo un festival de música rock, pero con los años, ha ido ampliando horizontes… ska, electrónica, hip hop… lo que le eches siempre y cuando lo latino, de una manera u otra, esté presente. Hoy es un referente a nivel nacional e iberoamericano, tanto para bandas emergentes, como para las que ya hicieron historia y continúan haciéndola. Gente de todo tipo, a su rollo, feliz de la vida, para el 6ºA podría transcribirse como “en plan tirao”. Españolas rodeadas de miles de mexicanos, disfrutamos con Julieta Venegas, Sonex, Vetusta Morla, Los Auténticos Decadentes, Ska-p y Calle 13. No faltaron, por supuesto, las críticas sociales y políticas, algún que otro empujón, chelas volando, ritmos callejeros y saltos a topeeeeeerrr!!

El año que viene, más. Más y mejor.

Y aquí van algunos momentos del día: http://www.youtube.com/watch?v=LmWAZG37mrM