Personas de Autor

18 03 2011

Vengo de un país donde los vinos despiertan y agudizan los sentidos. Estoy en un continente donde a las personas se les mira y toca desde más cerca.

En un lugar de colores, que día a día sigo descubriendo, hice un parón en el camino para pasar a otros de los cinco sentidos: el olor, el gusto… Fusionemos: campo mojado, frutos secos… Tal vez exprese piña, ¿por qué no higos y ciruelas maduras? Puede que las lágrimas en la copa dejen entrever un rojo cereza, o tal vez sea un escarlata, ¿tirando a rojo oscuro casi negro?

Sí, definitivamente percibo notas de vainilla, de pimienta, de algodón de feria!!

Las personas evolucionan. Con el tiempo, con relaciones, con experiencias, con influencias…  Su carácter, sus pensamientos, su forma de ver la vida…

Los vinos evolucionan en barrica, en botella, en copa. Sus aromas, su sabor, su color…

Al final no somos tan diferentes. Tú, él y yo somos de autor, de autores, igual que los vinos. Y lo que sea de autor es para vivirlo, para saborearlo, para regalárselo a uno mismo ¿Qué más dará si es un vino, cocina, cine…? ¿Personas tal vez?

Si una persona estrella se cruza en tu camino durante la vendimia, ponte a su lado a recolectar las uvas. Conocedor del buen vino francés, que trabajó con los pies descalzos en la tierra, con las manos; que subió y bajó montañas, incansable. Que tuvo la fórmula secreta para agarrar de aquí y allí lo mejor para sembrar esas uvas. Ya probó algo del vino que surgió de su trabajo, y ahí queda para los que vienen detrás de él, que no son pocos. Desde luego, el vino más puro.

Pero a veces no es complicado encontrarse con uvas tramposas, de sabor camuflado, que engañan al paladar, que al final raspan la lengua, lastimando hasta lo más profundo y haciendo llaga. Y tú sin darte cuenta, pensando que la cosecha iba por buen camino… Suerte si te percatas a tiempo. Habrá cosas que no tenga claras, pero sí sé que las uvas de mi terruño van primero, primeras ante todo. A pesar de que parte del caldo esté en otra botella lejos de la mía, la conexión sigue presente porque surgimos del mismo lugar, de las mismas cepas ¡Que no se mezcle este caldo tan particular y único para mí con otro picado y agrio!

También hay caldos muy especiales, casi únicos, con notas de chocolate, de sabor dulce, de sabor paciente.  Son vinos tan exclusivos que son difíciles de encontrar. Si consigues una botella, descubres como descorcharla (porque no se abre como todas) y luego decantarla, para que poco a poco “abra” sus aromas, sus secretos, te darás cuenta de que tienes un tesoro entre los dedos.

Un tinto joven, un crianza. Porque haya estado menos tiempo en barrica, no significa que no sea de lo mejor que ha dado su tierra. Puede ser que no todo el mundo llegue a apreciar todos los matices que su denominación de origen le ha conferido pero,  al fin y al cabo, llega a ser único e irrepetible para los catadores que lo prueban.

Descaradamente ácido, a veces sutilmente agrio, pero que luego resulta convertirse en moscatel. Más dulce casi imposible, ideal para acompañar con un rico pastel. Realmente esconde ese dulzor natural que lo caracteriza y no siempre te deja probarlo. Pero cuando lo hace, sonríe!!, de esos también escasea la producción, no pierdas la oportunidad de disfrutarlo.

Los hay que han reposado en barrica de roble mucho tiempo, corpulentos, de ideas claras, inamovibles, fieles a sus principios, unas veces excesivos, otras no, lo justo y exacto ¿Y aquellos que son puros hasta la médula? ¡Qué lástima que sea tan fácil que lleguen a perder su esencia!  Esa que se palpa desde un principio, que se degusta, y que debería quedar en el paladar hasta el final.

Rosado, blanco, tinto… Alto, bajo, negro, blanco, mestizo, serio, jovial, inteligente, juerguista. Que siga hasta el infinito.

Ajusco mojado, piedra fría, hierro, compota, jengibre, madera, tofe, cuero, nuez moscada. Cremoso en la capa, pesado, corpulento, sutil.  Que siga hasta el infinito también.

Hace poco me dijeron que el sol ya ha llegado a la mitad de su vida. Tendremos la suerte de no ver que la luna se apagó porque el sol llegó a su fin. Pero por eso mismo, sería inteligente por nuestra parte, sacar todo el jugo a las uvas que nos rodean, estrujarlas con todas las ganas, bailar con ellas y aprovechar el tiempo que se nos ha dado.

Definitivamente hoy, y hasta nuevo aviso, me quedo con personas de autor… Y con vinos de autor, pues también.

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Triste Recuerdo

17 02 2011

México rebosa amor. Se desborda del plato, de la copa de vino, del molcajete. Emerge a borbotones de las fuentes, los gorriones lo acompañan con sus cantos matutinos y todo el país se viste de rojo para San Valentín. Pero no de cualquier gama, se engalana de rojo pasión de la cabeza a los pies. Nadie va de otro color porque todos, sean o no correspondidos, tienen un amor, o varios, en los que pensar.

Así se siente México, y así es como mi galán mexicano (https://againmexicaning.wordpress.com/2010/09/07/puro-amor/) reapareció de la nada en mi vida tras unos meses de silencio totalmente justificado.

Para demostrarme su cariño, vino a casa con unos mariachis y él mismo me cantó “Triste Recuerdo”, una de las canciones románticas por excelencia. Él desde el patio, yo desde el balcón… Y me dijo que:

“El tiempo pasa y no te puedo olvidar”,

“Te traigo en mi pensamiento constante mi amor”,

“Y aunque trato de olvidarte cada día de extraño más”.



Increíble!! No había sabido nada de él desde hacía ya tiempo. Lo pasé muy mal, sin entender porqué dejó de llamarme, porqué no contestó a mis mensajes… Y vino con un ramo de rosas para pedir mi perdón, una rosa por cada día que habíamos pasado separados. Un detalle, pero no me terminaba de convencer, ante todo, los pies en la tierra. Que no se fuera a creer que las cosas se arreglan tan fácilmente, que me iba a camelar de nuevo con tanta rapidez.

Disfruté de la canción, de su voz, de su presencia. Había cambiado, estaba más guapo que nunca y esa voz rota con la que me cantaba, me llevó a recordar el día en el que nos conocimos. Bendito Tenampa!! Al terminar, subió las escaleras, se arrodilló, dejó caer unas lágrimas de arrepentimiento y me suplicó otra oportunidad. Y claro, finalmente me ablandé, porque en el fondo (y no tan fondo) sabía que aún no le había olvidado. Nadie jamás me había tratado con tanto cariño y acabó por conquistarme de nuevo. Me explicó por qué había desaparecido, lo entendí perfectamente. Son cosas de la vida, no todo es perfecto, si no, sería demasiado fácil y aburrido.

La noche del 14 de febrero fue mágica. Me habían hablado en varias ocasiones de un fenómeno que sólo se da en este país y por fin lo sentí: monarcas en el estómago, revoloteando, mariposas por doquier… México, país de sensaciones. El Paseo de la Reforma iluminado, color escarlata y plateado. Cielo estrellado y despejado, luna blanca. Cena romántica desde las alturas, pasando por risas y miradas encontradas.

Para cerrar la velada trenzamos juntos una balada… “O Tú o Ninguna”. Me susurró “Sólo hay una, sólo hay  una, o tú o ninguna… No tengo salida, pues detrás de ti mi amor tan sólo hay bruma…” Era como un cuento de hadas, todo tan perfecto, tan organizado, una sorpresa detrás de cada esquina y yo seguía asombrándome, minuto tras minuto, segundo tras segundo.

Y así hasta hoy, sentimientos a flor de piel y besos que duelen. Como ya he dicho tantas veces, así se siente México.





ICEX: espécimen en peligro de extinción

28 09 2010

Resulta extraño que en una pequeña familia puedas encontrar a sujetos tan diversos.

En la mía, hay una vasca que potencia tu consumo en exceso de cafés y dulces vespertinos; otra con la que compartes una afición creciente por el descubrimiento de blogs interesantes y se convierte en robot en la pista de baile. Un rey del asfalto puede sorprenderte manejando una furgo para 15 personas con Estopa a todo volumen, la ventanilla bajada y el codo apoyado mientras te anima a tener un perro salchicha de mascota. Hay un caballero con linda sonrisa (también guía turístico que sabe de túneles), que pasará a la historia por sus únicos e irrepetibles bailecitos (aquel con saltitos incluidos) en todas y cada una de las fiestas.

O aquel mozo que con sus lindos polos de colores es el rey del reggaeton allá donde va. La reportera gráfica que documenta (con su cámara y otras) todos los momentos memorables y que, hasta hace poco, pensábamos que su apellido eran dos sílabas repetidas.  Porque en esta pequeña gran familia también contamos con una linda voz carpophonica y con la granaina coleccionista de aretes más salerosa de la tierra. Sin olvidar, por supuesto, al flaquito cometacos que se emociona con la “Chica de Humo” y que tiene en sus cajones las camisetas más cañeras de México.

Una más que merecida despedida a los ICEX que dejan a regionales y demás sujetos huérfanos a partir de mañana.

¡¡Gachupines!! Esto es sólo una ínfima parte de lo que habéis vivido en México, espero que os sirva para arrancaros una sonrisilla y refrescaros la memoria cuando lo necesitéis…

Eres un ICEX porque…

– Cuando llegaste no tenías la más remota idea de que acabarías incluyendo palabras como “güey” o “no maches” en tu jerga diaria.

– Los dos besos han pasado a la historia. Uno y bien dado es tu forma de saludar y despedirte.

– Te han preguntado más de 1000 veces “¿y le gusta México?”  Si eres mujer, intentaron profundizar en una relación más estrecha hasta querer saber tu número de pasaporte a los 10 minutos de conocerte.

– Las “tienditas de abarrotes” son un mundo aparte que te ha encantado descubrir.

– Has comido más veces fuera que en tu casa. Es más,  en un año has comido más veces en restaurantes que en toda tu vida.

– Has empezado incluso a cogerle, perdón a agarrarle, cariño a la simpática palabra “ahorita”, aún sabiendo que puede significar ahora, más tarde o nunca.

– No te ha costado acostumbrarte a entrar en antros apenas llegar, mientras cientos de mexicanos llevan esperando 2 horas en la puerta.

– Ya conoces personalmente a los empleados del OXXO (y te dejan comprar aún cuando hay Ley Seca)

– El Facebook se ha convertido en tu compañero de curro más fiel, siempre ha estado ahí para apoyarte en los momentos más difíciles en la oficina.

– Descubriste que la mejor manera de calcular los pesos es pasándolos a pesetas.

– No comprendes cómo peinarse el flequillo tipo tupé de los años 80, sigue estando de moda 20 años después.

– Has hechos fotos de una Corona en una puesta de sol en la playa en más de una ocasión.

– La policía te ha estafado por cometer el terrible crimen de beber en la calle.

– No tienes miedo ni estás preocupad@ por volver de fiesta en un carro (coche) con ocho personas en su interior, de hecho, ¡¡lo disfrutas!!

– No sabes que será de tu vida ahora que no podrás decir “yo un cappuccino light deslactosado con Splendia, joven”.

– Te preguntas qué hecho en la historia mexicana les ha hecho crear esa terrible tradición de ponerse 1 Kg de gomina en su pelo todas las mañanas.

– Has aprendido, por experiencia propia, lo que es la venganza de Moctezuma.

– La toronja ha marcado un antes y un después en tu “precopeo,” copeo y postcopeo.

– Ya tienes un Diplomado en Ascensión de Pirámides.

– Cuentas también con una Maestría en División de Cuentas y Cálculo de Propinas.

– Un “Ni modo” y sonrisa de oreja a oreja ya se ha convertido en la manera de resolver todos tus problemas y situaciones.

– Te has convertido en fan de los mariachis, te aprendiste la letra del “Camarón Pelao” en un cero coma dos y, en ocasiones, te descubres cantándola en la ducha.

– Sufriste, al menos, un resfriado importante gracias al frío polar de los buses nocturnos.

– Has asistido a más conciertos que en toda tu vida y, muchos de ellos, por tu cara bonita.

– Caíste en las redes del galán mexicano más apuesto del universo… y, de repente, se esfumó sin dejar rastro. Aún te sigues preguntando si es familiar de Espiri González o si tuvo un trauma infantil con la canción de la “Chica de Humo”.

– Después de un año no entiendes porqué te llaman güer@ a pesar de que tengas el pelo negro azabache.

– Has llegado a acostumbrarte al olor característico de los tianguis y disfrutar de los paseos por sus estrechos pasillos.

– Te has sentido inútil mientras la operadora te pasaba con otra, y otra y otra persona. ¿No habría sido más fácil pulsar la famosa tecla “gato” para acabar antes?

– Estás profundamente preocupad@ porque al volver a tu país sabes que no habrá más tacos de bisteck con queso y tacos al pastor para acabar con la cruda (resaca) Dudas que unos churros o un bocata de tortilla vayan a ser tus aliados nuevamente.

– Celebraste el triunfo del Mundial en la Cibeles más mexicana de todas.

– Tienes el Ipod lleno de canciones de Luis Miguel y no te da vergüenza reconocerlo. De hecho, te encanta escuchar  “La Bikina una y otra vez y, si la puedes pedir a los mariachis, mucho mejor.

– Sentiste el merengue de una tarta entrar por tus fosas nasales el día de tu cumpleaños. Mordida al canto será un recuerdo que no olvidarás.

– A estas alturas, todavía no has conseguido que tus amigos de España entiendan qué significa “no mames”.

– Estás orgullos@ de poder por fin pronunciar ”Popocatépetl”, pero todavía sigues trabajando con “”Iztaccíhuatl”…

– Has visto la muerte pasar (y no en el Día de Muertos) en algún taxi o pesero a manos de un conductor suicida.

– No hay nada que te fastidie más que un mexicano te conteste en inglés cuando llevas hablándole en español un buen rato.

– Al principio, no sabías distinguir entre un tequila de 30 pesos y uno de 200 hasta que te llegaba la cruda del día siguiente. Pero ahora, la cruda sigue llegando, ¡¡qué narices!!

– Formaste parte del grupo original “Spanish Batukada”, o bien, fuiste víctima de sus atroces ritmos.

– Tus únicas preocupaciones cada semana son saber adónde vas a viajar o dónde va a haber una gran fiesta a la que no puedes faltar.

– Odias (o te encanta) la tradición en las discotecas de “Cover: 250 pesos, chicas gratis”.

– Tus semanas están organizadas en ciclos: me pongo moren@, me pelo, me pongo moren@, me pelo…

– Tienes pesadillas con de Frida Kahlo y de su mirada uniceja acechándote.

– Compraste nuevos DVD’s o juegos de Xbox todos los meses… a 15 pesos…

– Descubriste el mundo paralelo de peluquerías donde hacen “manicure” y “pedicure” por  módicos precios, mientras ves pelucas pasar sin cesar.

– Conociste lo que supone invitar a una mexicana fresa a cenar… ¡¡Nada como el producto nacional!!

– Inditex sigue estando presente en tu armario, aunque tengas que gastar de más.

– Olvidaste qué significa beber agua del grifo.

– Viviste la experiencia religiosa de ir al cine VIP, inigualable e indescriptible.

– Presenciaste cómo una barbacoa puede prenderse con un secador para poder cocinar unos chorizos parrilleros de calidad suprema.

– Ahora sacas el acento mexicano (que creías que no tenías) en tus conversaciones existenciales tras llevar 3 copas de más. Y a veces lo intentas estando sobrio para que no te timen, pero no sueles tener éxito.

– Probablemente llegaste sin saber mover el esqueleto, y te vas hecho el rey de la pista. Esto suma puntos con mozas españolas, tomen nota caballeros.

– Los taxistas te intentaron colar que sabían llegar a tu destino, acabaste indicándoles el camino y te sentiste un GPS humano.

– Pasaste más de una tarde de domingo en el boliche, presenciando múltiples tipologías y estrategias sin sentido para hacer una “chusa” (pleno).

– Tu paciencia se ha desarrollado hasta límites insospechados que jamás pensaste que llegaría.

– Te sumergiste en piscinas (repito, piscinas, más de una) con el agua más turbia del universo y sobreviviste.

– Pocas veces eres llamado por tu nombre, ahora cuentas con un apodo especial acabado en “ator”, “awer”, “uki”, tu apellido al estilo soldado y otros varios que no verán la luz pública.

– Conociste al rey del tequila, aquel que se paseaba por las fiestas poniendo caballitos a diestro y siniestro.

– Te has acostumbrado a viajar en taxi a precios de risa, ya te carcajearás también cuando intentes pagar uno en España…

– Fuiste organizdor@ oficial de un fiestón de despedida que quedó marcado en la historia contemporánea de México.

– Tu mejor amiga mexicana no es reina, pero sí Condesa. Tu mejor amigo mexicano se llama Don Güero, vive en una esquina de Polanco y siempre tiene las puertas de su  casa abiertas para ti. Y así seguirá para cuando regreses…

Os echaremos de menos, QUÉ VIVA MÉXICO CABRONES!!!, he dicho.





Puro amor

7 09 2010

He conocido al amor de mi vida. Fue flechazo a primera vista. Así sucedió:

El viernes por la noche nos fuimos a la Plaza de Garibaldi, donde multitud de grupos de mariachis, vestidos con su característica indumentaria y a cuestas con sus instrumentos, no paran de entonar esas canciones mundialmente conocidas. Decidimos entrar al Tenampa (http://www.salontenampa.com), la cantina más antigua y auténtica de todo DF. Comenzamos a un ritmo calmado hasta que llegó nuestro particular rey del tequila. Pidió otra botella del reposado Herradura y se dispuso a repartir caballitos (chupitos), vamos… como siempre hace.

Y, de repente,  cuando ya íbamos por el cuarto, se abrió la puerta y entró un macho mexicano de los pocos que quedan, con un porte, un saber estar, guapo y atractivo donde los haya… No os lo podéis imaginar!!! En ese momento se hizo un silencio sepulcral en todo el local, sólo se escuchaban sus pasos  sobre el suelo de madera… nos dejó a todas perplejas y anonadadas.

Yo creo que fue casualidad el que decidiera sentarse en la mesa de al lado. Había más sitios libres, pero no se dio cuenta que éramos todas extranjeras, no se nos nota en absoluto. Los chicos que venían con nosotras dicen que el tío era un listo… Se equivocan.

Total, que al minuto nuestras  miradas iban y venían, luego pasamos a las sonrisitas, el guiño de ojos, de nuevo la sonrisita… Sin duda, todo se ve mucho más claro cuando hay tequila de por medio. Si no, pues a veces no te das cuenta y pasa el tren. Pero esta vez no fue así. Y, de repente, cuando hablaba con mi amiga bloguera, el caballero vino a nuestra mesa.

¡Pero qué voz!, ¡qué tono de hombretón!

“Buenas noches señorita, ¿me concede un baile?” Yo no me lo pensé, se notaba de sobra que sólo quería bailar. Nos marcamos una ranchera de las buenas y luego… pues nos marcamos otra. Eso sí que es ritmo, donde haya un bailarín de ese calibre, que abran paso a la pista, ¡sí señor!

Al acabar la segunda me había cautivado, probablemente fue su colonia… No me lo podía explicar, nunca me había atraído un tipo con el pelo repeinado con gomina hasta el cogote, pero este chico tenía algo diferente. Me preguntó mi nombre y cuando le respondí me dijo: “Ya sabía yo que eras una sirena, lo que no tenía claro era de qué mar provenías”. Era mi turno de preguntarle su nombre, a lo que me respondió: “Me llamaré como tú prefieras ”.

Todo marchaba de color de rosas y justo en ese momento, pasó un señor vendiéndolas y me obsequió una, coincidencias de la vida. Ya no quedan galanes así en España, aquí lo hacen todo de corazón, al estilo “latino”. Normal que se respire romanticismo en cada rincón de este país, pero romanticismo del verdadero, no el de las pelis pastelonas. Yo sé perfectamente diferenciar una cosa de la otra y lo tengo muy muy clarito, de toda la vida. No es que te quieran “dorar la píldora”, es que son así de verdad y lo sienten. Me dijo unas cosas tan bonitas que lo pienso y todavía me emociono, tampoco os voy a contar todo…

Subimos un escalón más y me presentó a sus amigos, qué simpáticos, qué interesante hablar con ellos tomando unos chupes más de tequila. Resulta que son perfectos para mis amigas que en breve llegan de visita. Me dijeron que con mucho gusto me acompañarán a recogerlas al aeropuerto, con pancarta y todo, ¡va a ser tan divertido!

Pero el tiempo apremiaba, habían pasado las horas y yo sin darme cuenta. Mi grupo empezaba a evacuar y mi galán se percató, así que llamó a unos mariachis y me dedicó una canción: “Reloj, no pases la horas, porque voy a enloquecer, ella se irá para siempre, para nunca volver….”  Al acabar de cantar (porque también sabe), se quitó su reloj, lo paró, me lo puso en la muñeca y me besó la mano.

Y me enamoré, ¡me enamoré como nunca!





Morriña

25 06 2010

Hay ciertos días en los que una se levanta con una energía especial, con ganas de comerse el mundo. Otros, sin embargo, cuesta un poco más tomar la decisión de empezar la jornada con buen pie y una sonrisa. Si todos los días fuesen perfectos, cargados de una dosis extra de alegría y adrenalina, al final acabarían siendo calcados, uno detrás de otro, dejarían de ser especiales y pasarían al bando de la tediosa rutina.

Así que a veces (no muy a menudo), viene bien tener a la morriña como acompañante invisible… invisible, pero presente. Entre ver los partidos de la Selección tan lejos de España, probar una tortilla de patatas en toda regla mientras el Guaje marca un gol, ver mascletás desde la terraza de mi amiga en la distancia, celebrar la noche de San Juan en buena compañía con un aperitivo al más puro estilo español o saber que mi hermana pasea por la “millor terreta del món” con mi traje de alicantina, hace que se me escape una sonrisa aderezada con un toque de añoranza. DF comienza a aficionarse a llover por las tardes y eso también hace que la morriña esté espiándome desde los rincones más oscuros… Sé que está ahí, pero cuando me doy la vuelta, ¡no llego a verla!

Tenía que llegar el momento y en cierto modo me alegro. Cuando se está lejos de casa y se ven las cosas desde la distancia, valoramos más aquello que queremos y que no tenemos cerca. Y cada vez que esto me sucede, siempre acabo preguntándome: “¿no será que pueda darme cuenta de estas cosas cuando estoy cerquita?”…  Ni modo pues…

“Que sepas que no es fácil respirar el aire en que no estás”… Como dice Pedro Guerra, que ha estado consolándome estos días de Hogueras en los que no he podido oler a pólvora en el aire (http://www.youtube.com/watch?v=L9oOFKAVU-g&NR=1)

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Mastercard

14 06 2010

Cuando vives en una ciudad donde prima el estrés tienes 2 caminos: te acoplas a él y os hacéis amigos inseparables, o intentas crear una pequeña burbuja en la transcurren tus días, a un ritmo diferente, más tranquilo, más sosegado.

Yo preferí marcar la segunda opción al presentar mis papeles en la aduana, me sellaron la propuesta y, por ahora, creo que hice bien. Más que por grandes e importantes sucesos, disfruto de mis días mexicanos gracias a los pequeños detalles que intento no dejar pasar sin percibir. Cuando tienes la suerte de que te guste tu trabajo, levantarte antes de las 7 de la mañana no supone un esfuerzo. Ese es el primer buen momento del día, los cinco minutitos de rigor de hacerme la remolona en mi cama para reyes. El paseo a la oficina es otro instante muy  particular (que merece un post aparte para más adelante) Qué gusto los días que paso por la pequeña cafetería de barrio, la que está frente a Starbucks y que le hace una sutil y feroz competencia, me compro mi cappuccino para llevar y entablo la primera conversación de la jornada con el señor de barba blanca que siempre me pregunta  “¿con o sin canela señorita?” Aunque él ya sabe de sobra la respuesta, me pica la curiosidad de por qué me lo vuelve a preguntar… ¿será que no escojo la mejor opción que me propone?…

Revisar el correo electrónico matutino mientras me tomo el café, estirar el cuello de estar pegada a la pantalla durante horas y “voltear” mi silla para ver el DF desde las alturas, salir de la oficina y quedarme parada en la escalera pensando qué ruta alternativa tomar para descubrir algo nuevo, ir al centro a por bolas para hacer collares en pesero, pillar el metro y observar la variedad de compañeros de viaje de mi vagón, ir a hacer la compra con los cascos puestos e ir llenando el carrito de la semana, escuchar que los truenos me avisan de que la tormenta de cada tarde está a punto de llegar, ver desde mi ventana cómo caen un sinfín de gotas en las hojas del naranjo de la terraza, decidir a última hora que vamos al cine, o que esta noche mejor me quedo en casa con una buena peliculita y mi taza de … Y sigue lloviendo…

Todo esto no tiene precio. Para todo lo demás, Mastercard.





Vochito: El Auto del Pueblo

6 06 2010

Vochos a diestro y siniestro, esquivando peseros, furgonetas, carros, peatones y lo que se les ponga por delante a velocidades casi supersónicas… En tres palabras:  “rompiéndoles la madre” a Porsches y Ferraris (sin ánimo de ofender) Esta es la imagen que por las mañanas siempre tengo desde la acera cuando intento cruzar la Avenida de la Reforma para ir a la oficina.

Ya lo pude comprobar hace unos años cuando buscábamos piso en los taxis enanos de color verde, con taburete para el copiloto incluido: el vochito es absolutamente parte esencial de la realidad chilanga. Muchos dicen que aquel habitante del DF que no ha tenido un Volkswagen Beetle, no puede considerarse un defeño 100% auténtico.

Todo comenzó cuando en los años 50 los alemanes decidieron traer escarabajos para mostrar en una exposición. La mayor parte de los carros en México eran (y siguen siendo) de estilo gringo, grandes furgonetas familiares y de gran cilindrada. Elefantes versus hormigas. Sesenta años después, la vochomanía es una realidad; cuando pisas la ciudad por primera vez, enseguida te percatas.

Pero llegó el momento que pensaban nunca llegaría y, finalmente, una gran nostalgia inundó el país entero. Modelos más competitivos hicieron que se redujera la producción y el último “auto del pueblo” (el número 21.529.464) salió del horno en el año 2003. Cuando otro taxista parlanchín me contaba la historia mientras manejaba su nuevo Chevy, gringo y más moderno, la nostalgia inundó literalmente el carro (del que tuvimos que salir corriendo) y también a mí. Sin embargo, tras una noche de tristeza y melancolía, me tranquilicé al día siguiente en el que, desde mi acera privilegiada,  vi una historia de amor verdadera: el asfalto de esta ciudad se resiste a perder un solo vochito. Un atasco sin vocho, no es un atasco. El ruido sin el rugir de sus motores o sus cláxones, no es ruido. DF sin vochos, no es DF.

La neta güey, ¡qué viva la inmortalidad vochera!

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